La noche de Navidad debería ser un momento de alegría y unión, pero en el barrio de Cas Capiscol, la realidad ha sido bien distinta. En el parking del conservatorio de Palma, varios vehículos fueron blanco de unos ladrones que no dudaron en romper cristales y llevarse lo que encontraron a su paso. Entre los objetos sustraídos, incluso una furgoneta blanca desapareció sin dejar rastro.
Los residentes, cansados y enfadados, han levantado la voz para expresar su indignación. «Ya no sabemos cómo hacer para sentirnos seguros en nuestro propio barrio», comenta uno de ellos. Y es que este no es un problema nuevo; llevan meses advirtiendo sobre el aumento de la delincuencia, algo que muchos relacionan con la antigua cárcel de Palma, situada a escasos metros. Este lugar se ha convertido en un auténtico foco de problemas que parece ignorarse desde las instituciones.
Un grito a la colaboración ciudadana
Las redes sociales han sido el canal elegido por los vecinos para hacer un llamamiento: «Si vemos algo raro, ¡llamemos a la Policía!» Es una iniciativa necesaria ante un panorama tan desalentador. Biel González, presidente de la Asociación de Vecinos, ya hizo llegar sus preocupaciones al alcalde Jaime Martínez hace tiempo. Pero hasta ahora, poco ha cambiado.
«Lamentablemente así está nuestra situación», lamentan algunos residentes mientras demandan más presencia policial y medidas efectivas por parte del Ayuntamiento para frenar esta ola de robos. ¿Hasta cuándo seguirán teniendo que vivir con miedo? La respuesta parece estar aún muy lejos.

