A la derecha, vemos a Xisco con su querido Mini descapotable ya fracturado. A la izquierda, una imagen de su mujer sonriente en el momento de la compra. Todo comenzó hace aproximadamente un mes en Pere Garau, cuando Xisco decidió sorprender a su esposa con ese coche que tanto anhelaba. Su corazón sabía que ella merecía ese capricho; tras años luchando contra el Alzheimer, un gesto así podría iluminar sus días: «Cuando lo descapoté por primera vez, vi cómo se le iluminó la cara», recuerda con nostalgia.
La realidad golpea duro
Pero lo que empezó como una bonita historia se tornó en pesadilla. Un lunes cualquiera, Xisco dejó su coche aparcado cerca de casa, y al día siguiente se encontró con los cristales hechos añicos esparcidos por el suelo. Se acercó nervioso y vio que su Mini había sido destrozado: «Cuando llegué al lugar, me quedé helado al ver todo reventado», confiesa aún sorprendido.
Afortunadamente, los ladrones no se llevaron nada del interior. Xisco cuenta que todo estaba revuelto pero sus pertenencias seguían allí: «Mis gafas Rayban estaban entre los asientos y ni siquiera tocaron la guantera». Sin embargo, el daño emocional era mucho más profundo.
Beatriz, hija de Xisco y del amor de su vida, compartió lo sucedido en redes sociales buscando cualquier testigo que pudiera arrojar luz sobre este acto vandálico. Con tristeza reflejada en sus palabras comentó: «Mi madre lleva años con Alzheimer y este coche representaba su sueño. Ahora que mi padre logra conseguirlo para animarla, vienen y lo revientan». Es doloroso ver cómo un gesto tan hermoso se convierte en un recuerdo amargo.
A pesar de no haber heridos ni situaciones trágicas involucradas, Xisco siente una profunda decepción. Para él era más que un coche; era una forma de conectar con su mujer en medio de la tormenta del Alzheimer: «Sabía cuánto le gustaba y lo compré por eso. Es una pena». Además, no dudó en comentar sobre la creciente delincuencia en Palma: «Esto está empeorando cada día más; hay mucha juventud por ahí sin rumbo. No sé si solo fue una broma o qué». Con resignación concluye diciendo que salir por las noches ya no es seguro y reflexiona sobre cómo estos actos están afectando a comunidades como Pere Garau.

