En un pequeño pueblo de Burgos, Quintanilla Riopico, ha ocurrido algo que ha hecho saltar chispas en las redes. El protagonista no es otro que Eduardo Dorado, un sacerdote que decidió darle un giro inesperado a su sermón dominical. En lugar de seguir con las típicas letanías, sacó su móvil y comenzó a recitar un fragmento de la famosa canción ‘Ama, ama, ama y ensancha el alma’ de Extremoduro, justo cuando todos estaban aún procesando la triste noticia del fallecimiento de su cantante, Robe Iniesta.
Un mensaje que trasciende fronteras
El cura no se anduvo con rodeos: “Que solo os enseñaron el odio y la avaricia / Yo quiero que todos, como hermanos / Repartamos amores, lágrimas y sonrisas”, decía mientras los feligreses escuchaban con atención. Lo que pretendía era mucho más profundo que una simple cita musical; se trataba de recordarles que hacer el bien no es cuestión exclusiva de ser creyente. Al finalizar su intervención, Eduardo compartió su visión: «He querido rendir homenaje a Robe y Manolo. No soy un fan acérrimo, pero hay verdades universales en sus letras».
Su discurso no solo resonó entre los presentes sino también entre aquellos que han visto el video en redes sociales. Muchos se han sentido identificados con esa idea del Concilio Vaticano II, donde se dice que Dios ha sembrado semillas de verdad en todas las culturas. La esencia está clara: amar y hacer el bien es algo que nos une independientemente de nuestras creencias.

