MADRID, 16 Dic. (EUROPA PRESS) – Las autoridades rusas han hecho saltar todas las alarmas tras desmantelar un plan de sabotaje que involucra a cuatro jóvenes. Estos chicos, con edades entre los catorce y diecisiete años, tenían en mente colocar explosivos en el famoso oleoducto Druzhba, el más largo del mundo, mientras cruzaba la región de Lípetsk. Lo sorprendente es que este grupo buscaba obtener dinero rápido y se habían puesto en contacto con los servicios de inteligencia ucranianos a través de Telegram.
Un juego peligroso
El Servicio Federal de Seguridad (FSB) ha revelado que los adolescentes estaban planeando usar un artefacto explosivo casero para llevar a cabo su ataque. Según el comunicado, la conexión con Ucrania fue clara: les pidieron que incendiaran infraestructura energética a cambio de una compensación económica. Hasta les proporcionaron las coordenadas de un lugar donde podían encontrar explosivos para ejecutar su idea descabellada.
Afortunadamente, ya están detenidos y enfrentan una posible condena de hasta veinte años tras las rejas. Pero eso no es todo; el FSB ha advertido que estos reclutadores ucranianos tienen como objetivo principal a jóvenes desprevenidos, quienes ignoran la gravedad de sus actos y lo que podría costarles en términos legales. Con esta situación sobre la mesa, el mensaje es claro: hay que estar alerta ante tales manipulaciones y mostrar una intolerancia rotunda hacia estos intentos desesperados.
Y es que el oleoducto Druzhba (que significa amistad) recorre más de 4.000 kilómetros desde Almetievsk y abastece a varios países europeos vitales como Bielorrusia, Polonia o Hungría. Su importancia no puede ser subestimada.

