En los últimos cuatro años, la producción de leche en Mallorca ha dado un giro preocupante. Ha disminuido nada menos que 3 millones de litros. Esto no solo es un número; son las voces de los ganaderos que ven cómo sus esfuerzos se desvanecen en el aire. Un grito silencioso que nos debería hacer reflexionar a todos.
Un problema que nos afecta a todos
La situación es alarmante y no podemos quedarnos al margen. Mientras algunos hablan del monocultivo turístico como la solución mágica para nuestra economía, otros recordamos que la diversidad agrícola es clave para nuestra sostenibilidad. ¿Qué pasará con nuestros campos si seguimos tirando a la basura nuestros recursos? La falta de apoyo y políticas adecuadas está ahogando a nuestros agricultores, que luchan día tras día por mantener viva una tradición y una forma de vida.
No se trata solo de números fríos; estamos hablando de familias enteras cuya supervivencia depende de su capacidad para producir leche. Así que, al final del día, lo que está en juego es mucho más grande: nuestra identidad cultural, nuestra conexión con la tierra y el futuro sostenible que queremos construir juntos.

