MADRID, 30 de noviembre. El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, se ha visto empujado a dar marcha atrás en su reunión programada con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Y todo gracias a las críticas del primer ministro polaco, Donald Tusk, que no se ha mordido la lengua al hablar sobre lo que representa este encuentro.
Tusk lanzó un aviso claro: un cara a cara entre Nawrocki y Orbán sería un golpe directo a la postura europeísta que tanto esfuerzo le ha costado mantener a Polonia respecto a la guerra de Ucrania. Recordemos que Orbán ha mantenido una distancia considerable con Bruselas y está más interesado en acercarse a su viejo aliado ruso, Vladimir Putin. Un panorama complicado para el presidente polaco, que tenía todo listo para reunirse con Orbán el próximo 4 de diciembre.
La presión política se siente fuerte
Este encuentro estaba previsto justo después de la cumbre del Grupo de Visegrado en Esztergom, Hungría. Pero las cosas cambiaron drásticamente cuando Tusk expresó su preocupación sobre las repercusiones que podría tener esa reunión en un momento tan delicado. La situación es tensa; tras la reciente conversación entre Orbán y Putin en el Kremlin sobre refinerías rusas sancionadas, los ecos de una crisis política resuenan también en Kiev.
Tusk no dudó en calificar esta situación como una “combinación desastrosa”, mientras los esfuerzos por alcanzar la paz entre Rusia y Ucrania parecen tambalearse. En medio de este torbellino político, el asesor presidencial polaco, Marcin Przydacz, anunció por redes sociales que Nawrocki limitará su visita únicamente a participar en la cumbre. A fin de cuentas, el presidente polaco parece decidido a centrarse en buscar soluciones reales para terminar con este conflicto tan desgastante.

