En una tarde que prometía ser de celebración en Son Moix, el Real Mallorca volvió a dejarse llevar por la corriente y terminó empatando 2-2 contra Osasuna, un desenlace que dejó a más de uno con cara de incredulidad. Y es que, tras haber conseguido ponerse 2-0 arriba gracias a Muriqi y un despliegue brillante de Virgili, todo parecía indicar que los tres puntos se quedarían en casa. Sin embargo, como si del guion de una mala película se tratara, el central Boyomo apareció en el minuto 91 para arruinar la fiesta.
Un partido lleno de altibajos
Apenas comenzado el encuentro, ya se notaba cierta tensión en el ambiente; ambos equipos salieron al césped como si estuvieran caminando sobre huevos. Era evidente que ninguno quería dar su brazo a torcer y así transcurrieron unos primeros 45 minutos donde los hinchas apenas tuvieron motivos para animar. El juego era lento, predecible… aburrido.
La primera vez que el Mallorca disparó a puerta no fue hasta el minuto 33; lo cual dice mucho sobre la falta de ambición en el campo. Los rojillos también tenían poco que ofrecer y eso fue enfriando aún más las gradas. Pero tras un primer tiempo soporífero llegó la segunda mitad con algo más de ritmo gracias a Darder y su disparo inicial.
Y así llegó ese primer gol tan esperado: un penalti transformado por Muriqi tras una jugada valiente de Virgili. En cuestión de minutos, parecía que todo estaba bajo control con otro tanto del propio Muriqi. La afición estalló en júbilo porque por fin parecía que la suerte sonreía al Mallorca.
Pero como siempre sucede cuando menos te lo esperas, vino la desconexión defensiva justo cuando había que cerrar filas. Una falta dudosa permitió a Raúl García acercar a Osasuna al empate antes del fatídico minuto 91. Ahí estaba nuevamente Boyomo para igualar las cosas y dejarnos con un sabor amargo en la boca.
Así es como el Mallorca volvió a tirar por la borda una oportunidad clara para sumar tres puntos vitales ante un rival directo. Ahora toca levantar cabeza e ir con todo hacia Numancia y afrontar esa Copa del Rey; porque sí, aunque duela admitirlo, este tipo de tropiezos no deberían formar parte del discurso del equipo.

