Justo un día antes de que miles de personas salgan a las calles para exigir una solución real a la crisis de la vivienda, varias inmobiliarias han amanecido cubiertas de pintadas que no dejan lugar a dudas: «culpables». ¿Es este un acto desesperado o un grito colectivo de quienes ya están cansados de ver cómo el derecho a un hogar se convierte en una lucha constante?
Una sociedad harta
La realidad es que, mientras algunos siguen llenándose los bolsillos, muchos ciudadanos se ven obligados a sacrificar sus sueños por culpa del monocultivo turístico y las políticas que solo benefician a unos pocos. En Montuïri, por ejemplo, han decidido imponer cinco años de residencia para poder acceder a pisos a precios limitados. ¿No es eso una forma sutil de excluir? La división entre privilegiados y precarizados se hace cada vez más evidente en lugares como Nou Llevant.
No es casualidad que las protestas estén ganando fuerza. La comunidad está despertando y ya no está dispuesta a quedarse callada ante esta injusticia. El próximo encuentro promete ser histórico; así lo sienten quienes participan activamente en esta lucha. Entre ellos, voces firmes como las de aquellos que han visto cómo su barrio se transforma en algo irreconocible.
En definitiva, lo que comenzó como unas simples pintadas ha evolucionado hacia un mensaje claro: hay que actuar, y pronto. ¡Nos vemos en la calle!

