La historia que hoy compartimos no es solo un robo, sino un recordatorio de lo vulnerables que podemos ser. Todo ocurrió en Son Ferrer, cuando una mujer de 38 años, española, se cruzó con un anciano que regresaba a casa cargado de bolsas. Con una sonrisa y unas palabras amables, logró ganarse su confianza y se ofreció a ayudarle con la compra. El hombre, confiado y quizás algo ingenuo, aceptó.
Un acto despreciable
Una vez dentro del hogar del anciano, la situación dio un giro inesperado. Tras pedirle un vaso de agua –una táctica muy común para desviar la atención–, la mujer se escabulló hacia la habitación y aprovechó para hacerse con un sobre que contenía nada menos que 4.500 euros. ¿Se puede ser más despreciable?
Poco después de cometer este acto tan ruin, salió corriendo hacia un coche mal estacionado en la calle. Sin embargo, su suerte no duró mucho tiempo; un agente de la Guardia Civil fuera de servicio fue testigo del extraño comportamiento y memorizó la matrícula del vehículo.
Las autoridades no tardaron en actuar. Gracias a esa información clave, los investigadores lograron identificar al propietario del coche en Manacor y comenzaron a alertar a las policías locales para intentar localizarla. Y así fue como dieron con ella… aunque el dinero ya había desaparecido.
Lo más inquietante es que esta mujer podría no ser nueva en estos andares; los agentes sospechan que ha estado involucrada en otros robos similares dirigidos a personas mayores. Su modus operandi es claro: acercarse con dulzura y amabilidad hasta que logra entrar en sus hogares para robarles sin compasión.
Es triste pensar cómo hay quienes juegan con la buena fe ajena. Historias como estas nos hacen reflexionar sobre cuán importante es estar alerta y cuidar unos de otros, especialmente nuestros mayores.