El panorama internacional ha vuelto a temblar con la reciente decisión de Hungría de abandonar el Tribunal Penal Internacional (TPI). Este anuncio, hecho el jueves, llega justo cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pisa suelo húngaro. No es casualidad; muchos ven este movimiento como un guiño a su aliado que enfrenta una orden de arresto. El portavoz del Gobierno, Gergely Gulyas, no ha dejado lugar a dudas: la retirada comenzará hoy mismo.
Un proceso complicado
Según el Estatuto de Roma, cualquier país miembro puede denunciar su tratado, pero aquí viene lo interesante: esta salida no será instantánea. Tendrá que pasar un año antes de que sea efectiva tras notificarlo al secretario general de Naciones Unidas. Y ojo al dato: esto no exime a Hungría de sus responsabilidades durante el tiempo que formó parte del TPI. La historia nos recuerda lo sucedido con Filipinas y su expresidente Rodrigo Duterte, quien sufrió las consecuencias incluso después de romper lazos con el tribunal.
Las decisiones políticas son como piezas de ajedrez en un tablero global; cada movimiento tiene su peso y sus repercusiones. ¿Qué les parecerá a los ciudadanos húngaros? ¿Se sentirán respaldados por esta maniobra o cuestionarán las implicaciones éticas? Como siempre, estaremos atentos a cómo se desarrollan los acontecimientos.