Las calles de Son Oliva están envueltas en un ambiente de preocupación. Los vecinos, sobre todo aquellos que viven cerca de lo que fue la escoleta d’infants, sienten cómo el miedo se ha instalado entre ellos. Desde hace meses, un grupo de okupas ha decidido adueñarse del antiguo recinto, cambiando la cerradura y convirtiendo el lugar en su hogar. La escoleta, pegada a varios bloques de viviendas en la calle Isaac Albéniz, ya no es el sitio seguro que solía ser.
Recuerdan claramente aquel 8 de diciembre cuando avistaron por primera vez a los okupas. «Entraron rompiendo cristales», comentan con desánimo y frustración los vecinos. Aquellos primeros intrusos fueron identificados por la policía, pero parece que su llegada solo marcó el inicio de una serie de problemas. Ahora, cuentan que han tenido que pedir ayuda a las fuerzas del orden en más de una ocasión debido a las actividades sospechosas dentro del edificio abandonado.
Un clima tenso y sin soluciones
No solo se limitan a ocupar el espacio; aseguran haber intentado engancharse a la red eléctrica e incluso al agua corriente, utilizando recursos ajenos sin ningún reparo. Con colchones y somieres acumulados en su interior, han llegado hasta hacer fuego en terrenos municipales deteriorados. La sensación de inseguridad crece entre los residentes: «Hemos avisado muchas veces a la Policía Local y también ha venido la Nacional», explican cansados y asustados.
A principios de febrero llegaron nuevos okupas que complican aún más la situación. «Tener a esta gente tan cerca no da tranquilidad», reconocen algunos vecinos preocupados por salir de casa o irse de viaje sin saber qué puede pasar durante su ausencia. Por eso piden ayuda al Ajuntament o cualquier institución competente para encontrar una solución antes de que ocurra algo grave.
Hoy en día, tres personas ocupan ese viejo edificio: dos hombres musulmanes y una mujer española. Aseguran no querer problemas y han intentado regularizar su situación contactando con el Ajuntament de Palma y el IMAS para darle un uso provechoso al inmueble abandonado durante años. Sin embargo, para muchos vecinos esto no cambia el hecho palpable de vivir bajo un constante estado de alarma.