En un momento en que las tensiones comerciales entre Reino Unido y Estados Unidos parecen estar al borde de estallar, Keir Starmer, el primer ministro británico, ha dejado claro que «no se descarta nada» cuando se trata de responder a las decisiones arancelarias del presidente Donald Trump. Esto no es solo una cuestión de números; hay vidas en juego, especialmente en Irlanda del Norte, un territorio con su propia historia comercial y política.
La guerra comercial no beneficia a nadie
Durante una reciente comparecencia parlamentaria, Starmer subrayó con firmeza que «la guerra comercial no beneficia a nadie». Con un tono sereno pero decidido, aseguró que Londres reaccionará de manera «calmada» y «pragmática» ante cualquier anuncio que llegue desde Washington. Pero la preocupación principal sigue siendo cómo afectarán estos cambios a Irlanda del Norte. Este rincón del Reino Unido todavía goza de ciertos privilegios comerciales con la UE tras el Brexit, lo cual podría complicar aún más las cosas si se implementan aranceles inconsistentes.
Imagina la paradoja: los productos estadounidenses podrían enfrentar tarifas al entrar en Irlanda del Norte mientras que aquellos que lleguen a Inglaterra o Escocia podrían pasar sin ningún coste adicional. ¡Vaya lío! La situación es tensa y cada detalle cuenta. Mientras tanto, Starmer también ha destacado que su Gobierno mantiene conversaciones «constructivas» para avanzar hacia un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Aunque hasta ahora no hay señales claras de que un acuerdo esté cerca.