En Inca, un asunto cotidiano ha tomado un giro inesperado y, la verdad, bastante desagradable. La Guardia Civil ha puesto bajo investigación a un hombre de 31 años, acusado de destrozar las ruedas del coche de su vecina tras un aparcamiento que no le gustó nada.
Todo ocurrió la semana pasada cuando la mujer decidió dejar su vehículo en la vía pública. A la mañana siguiente, al acercarse a recogerlo, se encontró con una escena desoladora: tres ruedas pinchadas y el capó rayado. No podía creer lo que veía. Fue entonces cuando decidió acudir a los agentes locales para poner en conocimiento los hechos.
Una investigación que revela más de lo esperado
Los investigadores se pusieron manos a la obra y tras revisar el coche dañando, descubrieron que las heridas en las ruedas parecían tener algo más que un simple accidente; eran cortes limpios, como si alguien hubiera utilizado un cuchillo o algún objeto afilado. Al hablar con la afectada y escuchar su historia, rápidamente dieron con una posible solución: otro vecino del mismo bloque.
Tras localizar al sospechoso y someterlo a preguntas, este no tardó en confesar. Según él, todo se debía a que su vecina había aparcado en un vado reservado para personas con movilidad reducida que utilizaba constantemente. Claro está, esto no justifica unos actos tan destructivos. En lugar de dialogar o buscar una solución pacífica, optó por tirarlo todo a la basura y recurrir al vandalismo.
Es triste ver cómo situaciones cotidianas pueden escalar hasta convertirse en conflictos graves entre vecinos. ¿No sería mejor sentarse a hablar? La comunidad debería ser un lugar donde prevalezca el respeto mutuo y no donde cada uno tome justicia por su mano.