El Real Mallorca llegó a Valencia sin varios de sus pilares, como Muriqi y Valjent, lo que ya presagiaba un partido complicado. Sin embargo, lo que nadie esperaba era la desconexión absoluta de los suplentes. Mientras el equipo intentaba mantenerse a flote, Jagoba Arrasate observaba desde el banquillo con una mezcla de frustración y resignación.
Una oportunidad perdida
Era el momento perfecto para que aquellos que tienen menos minutos brillaran. El estadio Mestalla estaba lleno, la atmósfera vibrante y el rival exigente. Pero, lamentablemente, los bermellones no estuvieron a la altura. La derrota por 1-0 dejó claro que las ausencias pesaron más de lo esperado.
Aunque David López debutó tras dos meses en el dique seco, su actuación no fue suficiente para despertar al resto del equipo. Y es que ni Lato ni Abdón lograron ofrecer algo diferente; más bien parecían sombras de sí mismos. La defensa planteada por Arrasate tampoco ayudó; se mantuvo firme hasta casi el final del partido, pero si solo tienes a Sadiq como referencia arriba, es difícil hacer daño al rival.
La verdad es que hubo momentos en los que parecía que el empate era celebrado antes incluso de subir al avión de regreso a casa. Fue sorprendente ver cómo Arrasate tardó tanto en modificar su estrategia; un entrenador conocido por ir siempre a por todas esta vez pareció rendirse ante la adversidad.
Los jugadores como Chiquinho y Valery apenas aportaron algo significativo; sus intervenciones fueron tan escasas que parece difícil recordar sus nombres en este duelo. Mientras tanto, Dani Rodríguez luchaba contra viento y marea para intentar cambiar la dinámica del partido sin mucho éxito.
El choque con el Valencia dejó claro un hecho: hay piezas clave en este equipo y Raíllo es una de ellas. A pesar de no haber estado en su mejor versión, su presencia es fundamental. Pero ahora toca esperar: ante el Celta habrá más cambios obligados por sanciones y será interesante ver si los menos habituales pueden aprovechar la oportunidad o si simplemente volveremos a ver esa falta de garra en el campo.