En la tarde del pasado viernes, una ola de terror se desató en Diapaga, una localidad del este de Burkina Faso. Al menos 50 efectivos de seguridad, entre militares y paramilitares, han sido asesinados en un brutal ataque contra una base militar. Esta cifra escalofriante ha sido confirmada por residentes locales que, con el corazón encogido, relatan lo sucedido a Radio France Internationale (RFI). Por ahora, estamos a la espera de la respuesta oficial del Ejército burkinés.
La realidad amarga de un país en crisis
Entre los muertos se encuentran unos 30 soldados y otros 22 miembros de los grupos autodefensivos conocidos como Voluntarios para la Defensa de la Patria (VDP). Desde que Ibrahim Traoré tomó las riendas del país hace poco más de un año, Burkina Faso ha visto cómo la inseguridad ha ido creciendo como una sombra amenazante. Desde 2015, los ataques atribuidos a filiales de Al Qaeda y Estado Islámico no han hecho más que intensificarse, alimentando una violencia intercomunitaria que ha hecho surgir grupos autodefensa apoyados por el Gobierno.
A las 16:00 horas del viernes 28 de marzo, los atacantes llegaron en masa montados sobre motocicletas. Según cuentan los vecinos con temor en sus ojos, rodearon la ciudad y empezaron a disparar sin piedad. “Todo el mundo se puso a cubierto”, comentan aún temblando. La angustia no termina ahí; varios militares siguen desaparecidos y se teme que el número total de víctimas pueda aumentar.
Aparte del horror humano, estos atacantes han incendiado varios negocios locales dejando a la ciudad en un estado alarmante: “estamos sumidos en la desolación”, aseguran los habitantes. Este trágico episodio nos recuerda la fragilidad con la que muchos viven día tras día en esta región. La pregunta queda flotando: ¿cuánto más podrá soportar este pueblo?