En una jornada marcada por el Eid al Fitr, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan no se ha andado con rodeos. Este domingo, en un discurso que resonó con fuerza entre los presentes, exigió al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que escuche a su líder encarcelado, Abdulá Ocalan, y deponga las armas sin condiciones ni más dilaciones. “Es el momento de actuar sin vacilar”, afirmó Erdogan, subrayando que la oportunidad para la paz nunca ha sido tan clara.
Un llamado a la acción
La situación es compleja. Después de décadas de conflicto que han dejado alrededor de 40.000 muertos, Ocalan hizo un llamamiento histórico para que el PKK dejara las armas y se disolviera. Sin embargo, aunque el grupo parece receptivo a la idea, están pidiendo ciertas garantías: quieren organizar un congreso antes de dar ese paso y exigen el cese de los ataques turcos en Siria e Irak, además de solicitar la liberación de Ocalan. La tensión está en el aire y Erdogan lo sabe.
A medida que las palabras del presidente fueron saliendo de su boca, también dejó claro su descontento ante la pasividad del PKK. “Nuestro tiempo no es ilimitado”, advirtió con firmeza. Es como si estuviera diciendo: ya basta de esperar; tenemos que avanzar juntos hacia una solución definitiva. “Si conseguimos esto”, añadió con una mezcla de esperanza y determinación, “habremos liberado a nuestro país de esta calamidad sangrienta”. Un mensaje claro para quienes buscan un futuro mejor: es hora de dejar atrás el pasado.