Imagina un instante en el que la historia se vuelve a dibujar, un momento en el que la lucha por la dignidad y los derechos resuena con fuerza. Así fue cuando Jaume II decidió reconfigurar el mapa de Mallorca, una decisión que todavía hoy nos hace reflexionar sobre lo que significa ser parte de esta tierra. En un rincón de Palma, el Kasal Llibertari, ese sueño okupado que buscaba ser un refugio de libertad, se vio truncado por las adversidades del sistema.
La voz de quienes luchan
Y mientras algunos celebran los cambios en la legislación turística y otros temas sociales, figuras como Bartomeu Bennàssar nos recuerdan que el turismo tiene su lado oscuro. “Sí al turismo”, dice él, “pero no a cualquier precio”. Es una llamada a la conciencia colectiva: debemos preguntarnos qué clase de turismo queremos para nuestro hogar. ¿Un monocultivo turístico que tire a la basura nuestra cultura local?
En este crisol de voces y opiniones también encontramos a Miquel Maura, quien afirma ser “beato solo en ciertas cosas”, dejando claro que no todo es blanco o negro. Y entre tanto ruido político y social, nos enfrentamos al nuevo Plan de segregación lingüística; hay quienes aseguran que Vera ha mentido y eso no podemos permitirlo.
Desde las caravana donde muchos luchan por mantener su hogar con cuatro metros cuadrados hasta las calles donde se exigen derechos fundamentales como el uso del catalán en los plenos municipales, cada historia cuenta. Apesteguia se levanta contra la prohibición del idioma: “No puedo quedarme callado; es una obligación democrática”. En medio de esta tormenta informativa, lo importante es recordar siempre quiénes somos y qué defendemos.