La reciente decisión de absolver a Alves ha levantado ampollas en el mundo del feminismo. Se siente en el aire que, con este veredicto, se envía un mensaje muy claro: denunciar no vale la pena. ¿Cómo es posible que se dé pie a esta sensación de impotencia? En tiempos donde cada voz cuenta y cada historia importa, parece que los avances logrados están en juego.
¿Qué pasa con las víctimas?
Justo hace poco, escuchamos cómo un policía local fue detenido por violencia de género. Y no es un caso aislado. La realidad es dura; los datos muestran un aumento del 183% en los acompañamientos a mujeres mayores víctimas de violencia machista. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué estamos haciendo mal como sociedad? No podemos quedarnos callados mientras el miedo y la desconfianza se instalan entre quienes deberían sentirse protegidas.
A medida que estas situaciones se repiten, más personas se sienten tentadas a tirar la toalla. Pero aquí estamos nosotros, alzando la voz. Porque si algo hemos aprendido es que cada paso hacia adelante cuenta. Y aunque haya quienes intenten hacer oídos sordos ante este problema, debemos seguir luchando juntos por un cambio real.