En una tranquila calle de la carretera de Valldemossa, un piso que parecía normal escondía un oscuro secreto. La Guardia Civil ha hecho saltar todas las alarmas tras descubrir un taller clandestino donde un hombre de 43 años, nacionalidad búlgara y padre de familia, estaba fabricando joyas robadas. ¿Quién se imagina que al lado de su casa, alguien esté tirando a la basura el sentido común por unos euros?
Este individuo no solo jugaba con fuego al utilizar bombonas de butano y soplete para fundir oro; también ponía en peligro a más de 150 vecinos que compartían ese edificio. Su técnica rudimentaria podía haber acabado en tragedia.
Una operación contra el crimen organizado
Bajo el nombre de ‘Orada/Swiper’, los agentes del Área de Investigación del Pont d’Inca han intervenido la mayor cantidad de oro robado vista en años. Más de 1.000 piezas, valoradas en unos 500.000 euros, junto a relojes, diamantes y hasta tres furgonetas fueron incautados durante el registro. ¡Impresionante!
Todo comenzó cuando este hombre fue señalado como el encargado de dar salida a los objetos sustraídos en diversos robos que sacudieron Mallorca el pasado diciembre. Las joyas llegaban a su taller para ser modificadas antes de ser vendidas en el mercado negro.
A través de seguimientos discretos y vigilancias meticulosas, los investigadores lograron atar cabos y conectar al detenido con grupos criminales dedicados al robo con fuerza. Al final, lo que parecía un negocio ilícito fácil resultó ser una trama mucho más compleja y peligrosa.
No cabe duda: esta historia es un recordatorio sobre cómo lo que parece inofensivo puede esconderse tras muros silenciosos. Y nosotros, como comunidad, debemos estar atentos a cualquier señal sospechosa.