En un giro inesperado, un juez federal ha dado un tirón de orejas a la Administración Trump. Con fecha del 27 de marzo, el magistrado James Boasberg ha dictado una orden para que se preserven los mensajes en Signal, esa red social que algunos pensaron que era el refugio seguro para conversaciones privadas. ¿La razón? Resulta que un grupo de altos funcionarios discutió sobre bombardeos en Yemen y, por error, un periodista se coló en la conversación. Todo esto salió a la luz gracias a la transparencia exigida por el grupo American Oversight.
El derecho a saber
La directora ejecutiva interina de American Oversight, Chioma Chukwu, no se ha cortado al expresar su opinión: «el público tiene derecho a saber cómo se toman las decisiones sobre la guerra y la seguridad nacional». Así es, amigos. No podemos permitir que la rendición de cuentas desaparezca solo porque los mensajes estaban configurados para autodestruirse. La historia continúa cuando ‘The Atlantic’ reveló el contenido completo del chat, pensado para ser borrado tras una semana. Esto ha levantado más de una ceja; hay quienes sostienen que es una violación clara de la ley de preservación de registros.
Desde luego, no todo el mundo está tan preocupado por este asunto. Pete Hegseth, secretario de Defensa estadounidense, ha salido al paso asegurando que en ningún momento se compartieron datos clasificados ni planes bélicos en ese chat donde el periodista Jeffrey Goldberg apareció sin querer. Pero claro, eso no quita lo polémico del tema.