Todo comenzó un sábado por la tarde, en una tranquila calle Bisbe Juano de Ciutadella. Mientras una inquilina estaba disfrutando de su tiempo fuera de la isla, un fuerte estruendo rompió la calma del vecindario. Un vecino atento, alertado por el ruido que parecía provenir de la puerta de su vivienda contigua, decidió actuar. Sin pensarlo dos veces, llamó a la Policía Local.
Cuando los agentes llegaron al lugar, encontraron la puerta hecha trizas, pero lo más preocupante era que no había nadie dentro. Gracias a una rápida descripción del sospechoso proporcionada por los vecinos, los policías se dieron cuenta de que estaban tras la pista del mismo hombre que había sido arrestado hacía poco por varios robos en Cala en Blanes. Este individuo no solo estaba buscando problemas; también tenía cuentas pendientes con la ley.
La importancia de estar alerta
Con astucia y rapidez, los agentes no solo se limitaron a observar el lugar; contactaron a la propietaria para informarle sobre el escarceo delictivo. Le recomendaron que llamara a un carpintero para reparar el daño causado y asegurarse así de que su hogar estuviera protegido. Mientras tanto, las fuerzas del orden decidieron hacer guardia en la entrada, no vaya a ser que el okupa regresara.
Aunque algunos vecinos afirmaron haber visto al presunto delincuente tomando un autobús cercano poco después del incidente, su rastro se perdió rápidamente. Tanto la Policía Nacional como Local montaron un operativo para buscarlo por diversas paradas y rincones de Ciutadella; sin embargo, todo apuntaba a que había decidido escapar del municipio antes de ser atrapado.
Más tarde llegó al lugar un equipo de Policía Científica para recoger huellas y evidencias, mientras el inmueble quedaba precintado hasta nuevo aviso. En definitiva, esta historia nos recuerda cómo la vigilancia vecinal puede marcar la diferencia. A veces, tener ojos y oídos abiertos puede evitar grandes problemas en nuestras comunidades.