Ekrem Imamoglu, el carismático alcalde de Estambul, vuelve a estar en el ojo del huracán. Hoy comparece ante un tribunal para enfrentar cargos que lo acusan de corrupción y colaboración con el PKK. En un momento tan delicado, Imamoglu ha dejado claro que no tiene nada que ocultar. «No he cometido crimen alguno. Esta investigación es un acto de difamación destinado a inventarse delitos sin base lógica, legal o convincente», declaró con firmeza.
Un hombre en pie de lucha
Mientras su figura se convierte en símbolo de resistencia, la situación no es fácil. Las calles están llenas de protestas; muchos apoyan al alcalde y exigen justicia frente a lo que consideran una caza de brujas impulsada por el gobierno de Erdogan. A pesar del peso de las acusaciones, como la creación de una red criminal para manipular procesos de licitación ilegales —algo que Imamoglu niega rotundamente— él sigue adelante. «Estoy siendo víctima de un acoso judicial», afirma con determinación.
Hoy, Imamoglu continúa su defensa ante el tribunal estambulita, respondiendo a los siete cargos que le han impuesto. Uno de los más controvertidos señala su supuesta participación en una colaboración electoral ilegal entre su partido y otros afines al PKK durante las elecciones locales pasadas. La presión es intensa y el tiempo corre; Turquía establece un límite máximo para decisiones sobre detenciones.
Su abogado, Turan Taskin Özer, compartió información sobre cómo está llevando esta dura etapa: “Imamoglu se encuentra bien anímicamente”, dijo desde dentro del centro penitenciario donde está recluido solo por razones de seguridad. “Le llevamos artículos necesarios y goza de buena salud; aunque está fatigado por la situación”. Pero lo que realmente le da fuerzas son los mensajes constantes del público: su apoyo abrumador es su mayor fuente de ánimo.