Este viernes, el Moviment Feminista de Mallorca convocó una concentración para condenar un crimen que nos deja sin palabras. La vida de Joana, una mujer de 79 años, fue brutalmente apagada por su marido en Puigpunyent el pasado 19 de marzo. Y lo más doloroso es que este asesinato ha sido catalogado como el primer crimen machista del año en Baleares.
Las autoridades están trabajando a fondo para desentrañar los detalles detrás de esta tragedia. Desde un principio, quedó claro que aquí no hay lugar para especulaciones sobre un suicidio pactado. Los indicios apuntan a años de violencia económica y emocional hacia Joana, lo que llevó a sus propios hijos a distanciarse del padre.
Una llamada reveladora
El autor del tiro que acabó con la vida de Joana hizo más de veinte intentos de llamar al 112 antes de finalmente decir: «Venid a buscarme, he fallado el tiro». Esta llamada no solo revela su intento por salvarse, sino también la ausencia total de preocupación por su esposa, quien ya yacía muerta en su habitación.
Los rumores en el pueblo cuentan otra historia: una relación marcada por comentarios despectivos y tensiones económicas. La pareja había puesto en venta su chalet en Carrer de Sa Riera por 850.000 euros; Benet estaba cansado de cargar con los gastos y culpaba a Joana por ello. Sin embargo, según allegados, era él quien disfrutaba del lujo mientras ella sufría.
A pesar del maltrato físico y psicológico normalizado en su hogar, Joana nunca denunció a su marido ni padecía enfermedad alguna como se ha especulado. Tenía planes para el día siguiente a su muerte; esos planes nunca se llevaron a cabo.
La indignación se siente en cada rincón del pequeño municipio donde vivían. El Ayuntamiento ha expresado todo su apoyo a la familia, y los hijos de Joana han decidido personarse contra su padre como parte acusadora. Benet Melsión Oliver, un empresario textil conocido y exitoso, ahora enfrenta las consecuencias tras ser encarcelado provisionalmente; él sigue aferrándose a la falsa narrativa del suicidio pactado mientras las pruebas apuntan en dirección contraria. Su destino dependerá del juicio que está por venir.