En el skatepark de Sa Riera, dos niños patinan mientras algunos jóvenes se agrupan a su alrededor, con las caras llenas de preocupación. «Aquí somos nosotros los que tenemos que reparar los agujeros y desperfectos», nos cuenta uno de ellos, reflejando la frustración acumulada por años sin soluciones.
Tania Romero, una de las habituales del lugar, recuerda un accidente ocurrido hace más de un año. Los skaters sienten que han sido abandonados por el Ajuntament, señalando que «hace seis años que no arreglan nada». Si no fuera por algunos amigos con conocimientos en albañilería, estarían perdidos. Y es que las intervenciones del ayuntamiento han dejado mucho que desear; han enviado a personas sin experiencia ni siquiera para manejar cemento.
Un grito en medio del abandono
«Hemos tenido que reparar muchos agujeros porque hay caídas muy graves», añaden, mientras enfatizan su compromiso con el mantenimiento del espacio. No solo tienen que lidiar con los baches; también se ven obligados a limpiar hojas y basura después de cada fin de semana. ¿Por qué? Porque este parque está abierto 24 horas y su acceso no está controlado. La llegada del botellón trae consigo problemas adicionales: un poblado cercano genera humo al encender fuegos, lo cual convierte el aire en algo irrespirable.
La lista de deficiencias es larga y abrumadora. Las malas hierbas crecen entre las juntas, arruinando la estructura; el vandalismo deja botellas rotas y suciedad en cada rincón. Cada mañana, cuando los niños llegan a patinar, se encuentran con un panorama desolador. Los skaters están cansados y decididos a alzar la voz.
Han recogido firmas para exigir mejoras y hacen un llamado claro al Ajuntament: «Nos merecemos instalaciones dignas en Palma», dicen con firmeza. Mientras esperan respuestas urgentes a sus demandas, ellos mismos están tomando cartas en el asunto para poder disfrutar de un skatepark como debe ser; porque todos sabemos que no es justo tenerlo tan descuidado cuando hay otras zonas como Son Moix bien mantenidas.