Cuando hablamos de experiencias que marcan, Sebastián Ferrer nos cuenta la suya desde Seúl, Corea del Sur. Este joven mallorquín, estudiante de Arquitectura en Madrid, decidió embarcarse en una aventura Erasmus en la prestigiosa Sungkyunkwan University. Pero si le preguntas dónde está realmente su corazón, no lo duda: en un buen plato de arròs brut y en las aguas cristalinas del Mediterráneo.
Un viaje lleno de sorpresas
Sebastián está disfrutando a lo grande de su vida académica y personal en esta ciudad vibrante. La arquitectura moderna y el ritmo frenético de Corea lo han cautivado por completo. “La cultura coreana siempre me ha llamado la atención”, dice con entusiasmo, añadiendo que cada rincón tiene algo único que ofrecer. Sin embargo, lo que más le sorprende es el nivel educativo aquí; los estudiantes se toman muy en serio sus estudios desde pequeños.
Su día a día transcurre entre clases y largas horas de estudio en cafeterías, donde también ha tenido la oportunidad de integrarse gracias al equipo de fútbol universitario. Los fines de semana son para explorar lugares como Jeonju o Bukhansan; siempre hay algo nuevo por descubrir.
A pesar del encanto del país asiático, hay cosas que echa mucho de menos. “El primer plato que me voy a comer cuando regrese será un buen arròs brut”, afirma sin titubear. Y es que aunque disfruta con la barbacoa coreana y el bibimbap, nada se compara con ese sabor mediterráneo al que está tan acostumbrado.
Entre risas nos confiesa también que echa mucho de menos ese simple pero delicioso pan con aceite. “Aquí no hay sobremesas como las nuestras”, lamenta. En Corea todo es más rápido; cierran el plato y se marchan enseguida.
Y aunque ha tenido sus desafíos con el idioma —los jóvenes hablan inglés, pero los mayores no tanto— Sebastián asegura que la experiencia está siendo increíblemente enriquecedora. Además, se siente inspirado por la dedicación y compromiso laboral de los coreanos: “Me gustaría llevarme esa mentalidad cuando vuelva a Mallorca”. Al final del día, este joven mallorquín sigue llevando consigo un pedacito de casa: esas palabras llenas de vida como ‘Uep!’, ¡que solo se dicen entre amigos!