En solo tres meses, nuestras costas han sido testigo de una tragedia que no podemos ignorar. Quince cuerpos de migrantes han llegado a las playas de las Islas Baleares, y cada uno de ellos cuenta una historia desgarradora. Es un recordatorio brutal de la crisis humanitaria que se vive a nivel global, donde miles arriesgan su vida buscando un futuro mejor.
La Realidad en Nuestras Manos
No podemos mirar hacia otro lado. Cada cifra es un ser humano que ha perdido la vida en su intento por alcanzar la esperanza. Mientras tanto, seguimos oyendo noticias inquietantes: pacientes que agreden a su médico tras recibir malas noticias, ancianos acusados de crímenes atroces o incluso el estigma del VIH que aún persiste en nuestra sociedad.
Y aunque hay avances, como esa pastilla que ha reducido los casos de VIH en un 40% en un año aquí mismo, todavía queda mucho por hacer. Las instituciones deben actuar con firmeza; las entidades sociales ya se han cansado del pacto por la sostenibilidad y ni siquiera van a volver para proponer soluciones. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así?
La indignación crece: “El batle afavoreix els seus amics”, claman muchos ciudadanos ante lo que perciben como favoritismos y decisiones cuestionables desde el poder local. Palma está en pie de guerra contra la nueva Ordenanza Cívica, porque estamos hartos de ver cómo nuestros espacios se convierten en campos de batalla entre intereses privados y públicos.
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos construir. No podemos permitirnos más lágrimas ni indiferencia ante quienes sufren. La historia no debe repetirse; debemos levantarnos juntos, salir del fango y luchar por un futuro digno para todos.