En una historia que podría parecer sacada de una película, un hombre ha sido condenado a cuatro años y medio de cárcel por tener nada menos que 82 kilos de hachís y 300 gramos de cocaína en su vehículo, ¡y todo esto aparcado en el parking de un policía nacional en Palma!
Los hechos ocurrieron la mañana del 5 de julio. El acusado, originario de Marruecos, dejó su coche mal aparcado justo en el espacio destinado para el agente. Este, que estaba disfrutando de su día libre, se encontró con la sorpresa cuando fue a buscar a unos colegas. Al acercarse al automóvil, notó algo raro: una actitud nerviosa por parte del conductor y un olor fuerte que no dejaba lugar a dudas.
Drogas ocultas y decisiones difíciles
Los policías no se lo pensaron dos veces y registraron las bolsas que llevaba consigo. Y ahí estaban: drogas a raudales. Pero eso no fue todo; al inspeccionar el coche del acusado también hallaron cuatro envoltorios más con cocaína. La cosa se ponía cada vez más seria.
No contentos con eso, los agentes cachearon al detenido y encontraron la llave de uno de los trasteros del aparcamiento. Al abrirlo, la sorpresa fue aún mayor: allí había otros 65 kilos de hachís. Un negocio bien montado pero peligrosamente expuesto.
A pesar del peso sobre sus hombros —porque sí, tiene antecedentes por delitos similares—, el abogado defensor logró negociar con la Fiscalía una reducción considerable en la condena inicial, que era mucho más dura. Así las cosas, terminó aceptando un trato donde se le impone esta pena más corta junto con una multa astronómica: un millón y medio de euros.
Una situación tensa pero necesaria para mostrar que este tipo de actividades no tienen cabida en nuestra sociedad. ¿Qué futuro le espera ahora? Solo él lo sabe.