En un giro inesperado, el Tribunal Superior de Justicia de les Illes Balears ha dictado la orden de cierre definitivo del Botel Alcudiamar. Este emblemático establecimiento ha sido objeto de controversia y debate, y ahora se enfrenta a su final. No es solo un hotel; representa el choque entre el desarrollo turístico y la preservación del entorno que tanto amamos.
La lucha por preservar lo nuestro
Mientras tanto, la producción de energía solar creció un 30% en las islas durante 2024, una señal esperanzadora en medio de tanta incertidumbre. Por otro lado, ARCA ha levantado la voz contra la inminente demolición de un edificio característico en el Molinar. Es como si los ladrillos de nuestra historia se estuvieran desmoronando bajo el peso del monocultivo turístico.
Y no podemos olvidar las alarmantes cifras sobre agresiones a docentes: 35 incidentes en dos meses. ¿Qué está pasando con nuestra juventud? Un docente comentó: «Me estampó contra una pared de cristal». La situación es insostenible.
Además, un gran tenedor ha vendido 87 inmuebles en sa Pobla por menos de 130.000 euros, evidenciando cómo la especulación inmobiliaria sigue arrasando nuestras comunidades. El Gobierno, por su parte, sigue sin escuchar las críticas sobre la masificación turística y insiste en que este fenómeno siempre ha sido parte de la solución para esta tierra.
A medida que nos adentramos en estos desafíos sociales y económicos, también hay espacio para la cultura: ‘La Lluna en Vers’ ofrecerá 14 noches culturales en seis municipios de Mallorca. Una forma excelente de recordar que aún hay vida más allá del turismo.
Nos encontramos ante una época crítica; el futuro parece incierto pero tenemos que seguir luchando por lo que realmente importa: Nuestra identidad y patrimonio.