En las últimas semanas, la alarma ha sonado en el corazón de las Baleares. ARCA, una voz crítica en nuestra comunidad, ha denunciado la inminente demolición de un edificio emblemático en el Molinar. ¡Y no es solo eso! Este es solo uno de los muchos problemas que enfrentamos mientras seguimos tirando a la basura nuestra herencia cultural por un monocultivo turístico que parece no tener fin.
Un futuro incierto
La situación se vuelve más preocupante cuando nos damos cuenta de que cada vez somos más dependientes del turismo. Las voces que claman contra esta masificación están siendo ignoradas, y desde el Gobierno nos dicen que ‘el turismo siempre ha sido parte de la solución’. Pero, ¿a qué precio? La realidad es que con 35 agresiones a docentes en solo dos meses, como bien contó una profesora: «me estamparon contra una pared de vidrio», estamos viendo cómo nuestros valores se desmoronan entre rascacielos y ofertas turísticas.
A medida que avanzamos hacia este futuro incierto, debemos preguntarnos: ¿realmente queremos sacrificar lo auténtico por lo efímero? Es hora de abrir los ojos y reflexionar sobre el camino que hemos elegido. El destino está en nuestras manos.