En un giro inesperado de los acontecimientos, los principales partidos de oposición en Israel han decidido unir sus fuerzas para hacer frente a lo que consideran una decisión arbitraria del primer ministro Benjamin Netanyahu. Este lunes, anunciaron que presentarán una petición conjunta ante el Tribunal Supremo para impugnar el cese de Ronen Bar, el jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (Shin Bet). La noticia ha causado revuelo en un país ya marcado por la tensión política.
Netanyahu comunicó a Bar su intención de cesarle durante una reunión, y planea llevar esta moción al Consejo de Ministros en los próximos días. Pero no se trata solo de un simple cambio en la dirección del Shin Bet; hay un trasfondo que da miedo. Se cree que Netanyahu lleva meses buscando deshacerse de Bar, quien ha sido cuestionado por errores críticos en la gestión de la seguridad nacional antes de la devastadora masacre perpetrada por milicias palestinas el 7 de octubre, que dejó casi 1.200 muertos y más de 240 rehenes.
Tensiones y acusaciones cruzadas
A medida que las tensiones aumentan, surge un nuevo capítulo en esta crisis: el Shin Bet recientemente admitió errores pero también apuntó hacia las financiaciones sospechosas provenientes de Qatar hacia Hamás. Además, se investiga si hubo transferencias ilegales desde Qatar a asesores cercanos a Netanyahu. Y aquí es donde entra en juego Yair Lapid, líder principal de la oposición e ex primer ministro. Lapid no ha dudado en calificar este despido como parte de una maniobra desesperada para sabotear investigaciones serias sobre delitos relacionados con la seguridad estatal.
“Este proceso es apresurado e ilegal”, afirma Lapid con indignación. “Están tratando de ocultar algo muy grave”. Con él están otros líderes opositores dispuestos a presentar su demanda ante el Tribunal Supremo. Sin embargo, no todos están en contra; algunos socios gubernamentales apoyan abiertamente esta decisión. Bezalel Smotrich, líder del Sionismo Religioso y actual ministro de Finanzas, sostiene que Bar debería haber sido destituido inmediatamente tras los ataques. “¿Qué clase de país necesita razones especiales para despedir al jefe del servicio secreto tras semejante desastre?”, se pregunta Smotrich mientras critica a Bar por distraerse con cuestiones políticas irrelevantes.