La situación en Cuba se ha vuelto un verdadero tormento. El presidente Miguel Díaz-Canel no ha tenido más remedio que reconocer las «horas de incertidumbre y malestar» que están sufriendo los cubanos a causa del último apagón que ha dejado al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) tambaleándose. Este incidente, que ocurrió el viernes por fallos en una subestación de La Habana, ha dejado a muchos sin luz y, lo que es peor, sin respuestas claras.
Un agradecimiento con sabor amargo
Díaz-Canel, consciente de la frustración palpable en las calles, ha querido agradecer a la población su «comprensión» ante esta crisis eléctrica recurrente. «Seguimos con déficit, pero ya conectados», afirmó en redes sociales. Mientras tanto, él mismo destacó el esfuerzo del personal de la Unión Eléctrica, quienes han trabajado «sin un segundo de reposo» para restablecer el servicio. Pero claro, esto no quita el mal sabor de boca que dejan tantas horas a oscuras.
A pesar de los esfuerzos por recuperar la electricidad gradualmente —y tras unas jornadas difíciles— el domingo por la noche llegó la noticia de que La Habana ya había recuperado algo de normalidad. Sin embargo, hay lugares como Pinar del Río o Artemisa donde las clases aún siguen paradas debido a este caos energético. Es innegable que la falta de recursos y las infraestructuras deterioradas están echando más leña al fuego en esta crisis que ya parece interminable.
Díaz-Canel incluso ha apuntado a las sanciones impuestas por Estados Unidos como uno de los culpables detrás de esta penuria energética. En fin, una lucha constante entre esperanzas frustradas y promesas incumplidas; un ciclo del que todos queremos salir pronto.