El pasado domingo, 17 de marzo, nos despertamos con una noticia que resuena fuerte en la región. El Ejército de Israel ha decidido reanudar sus ataques en el sur de Líbano, apuntando a edificios que supuestamente son utilizados por Hezbolá. Lo curioso es que esto sucede justo cuando pensábamos que había un alto el fuego desde finales de noviembre de 2024. En un comunicado, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no se han cortado un pelo al afirmar que atacaron el cuartel general de la unidad élite Radwan del grupo libanés y otros edificios asociados.
Pero esto no es solo una cuestión militar; hay un trasfondo complicado. “Atacaremos a los terroristas armados” en esa zona, dicen ellos, mientras aseguran que “la presencia de estas infraestructuras terroristas es una violación flagrante” de acuerdos previos entre ambos países. ¿Y qué pasa con las voces del otro lado? Por ahora, ni las autoridades libanesas ni Hezbolá han hecho declaraciones sobre posibles víctimas o daños materiales. Sin embargo, fuentes cercanas al grupo mencionan al menos dos muertos en Aainata y varios ataques en Kfar Kila.
La tensión sigue latente
Por si fuera poco, horas antes del ataque, las FDI habían detectado disparos contra un vehículo vacío cerca de Avivim, una localidad israelí muy cerca de la frontera con Líbano. Según parece, esos disparos vinieron desde territorio libanés. Las fuerzas israelíes están investigando lo ocurrido y aclaran que no hubo heridos esta vez. No obstante, señalan que cualquier ataque contra Israel “viola los acuerdos establecidos”. La situación es tensa y complicada; recordemos que Israel comenzó su ofensiva contra Hezbolá en septiembre del año pasado como respuesta a sus acciones apoyando la causa palestina.
Aquel conflicto se cobró más de 4.000 vidas en apenas dos meses y dejó una huella profunda en ambas naciones. Aunque hubo promesas para retirarse del sur de Líbano tras alcanzar un acuerdo a finales de noviembre, parece que esas palabras se han quedado en papel mojado: Israel aún mantiene cinco puestos de observación dentro del territorio vecino.