La historia comienza en Manacor, donde una mujer decidió dar un paso al frente y denunciar a su expareja. La Policía Nacional, siempre atenta, recibió la queja de esta valiente víctima que estaba recibiendo amenazas de quien había sido su compañero sentimental. Y es que este hombre, cumpliendo condena en un centro penitenciario de la Península, no dudó en hacerse con un móvil para intentar contactar con ella.
Como si nada, el tipo empezó a llamar y a enviar mensajes, desafiando así una orden de alejamiento que debería haber respetado. Fue entonces cuando nuestra protagonista se dirigió a la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) en Manacor, decidida a poner fin a esta situación. «No puedo seguir así», debió pensar mientras relataba su angustia.
Las autoridades toman cartas en el asunto
A raíz de su denuncia, los agentes se pusieron manos a la obra y contactaron con el centro donde estaba recluido el imputado. Tras confirmar que estaba dentro, solicitaron un registro en su celda. Y sorpresa: allí encontraron el teléfono prohibido. Al verse descubierto, el hombre rompió el móvil en un intento desesperado por ocultar sus actos.
No podemos olvidar que tener acceso a teléfonos móviles o internet es algo completamente vetado para los reclusos. La pregunta queda en el aire: ¿cómo logró conseguirlo? Mientras tanto, lo importante es que la víctima ha dado voz a su sufrimiento y las autoridades han actuado para protegerla.