MADRID, 16 de marzo. Las aguas entre Estados Unidos y Sudáfrica están más revueltas que nunca. Este sábado, el Gobierno sudafricano confirmó que el embajador Ebrahim Rasul tiene apenas 72 horas para hacer las maletas y abandonar el país tras ser declarado ‘persona non grata’. Todo esto, por acusar al expresidente Donald Trump de fomentar el supremacismo. Una decisión que deja un sabor amargo en Pretoria.
Chrispin Phiri, portavoz del Ministerio de Relaciones Internacionales y Cooperación, ha sido claro: «Estamos ayudando en los trámites para su regreso muy pronto». Y es que la expulsión de Rasul no solo afecta a un individuo; pone en jaque la relación entre dos naciones que han intentado navegar en aguas más tranquilas recientemente. El propio Phiri se mostró crítico con esta medida tan drástica: «Aunque haya habido avances positivos entre ambos países, nuestra relación debe seguir siendo respetuosa y beneficiosa para todos», añadió.
Un conflicto que va más allá de las palabras
El ambiente se tornó aún más tenso cuando Rasul, durante un seminario, afirmó que Trump promueve ataques contra aquellos con poder al movilizar el supremacismo. Sus comentarios no cayeron bien en Washington y desataron la ira del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien no dudó en disparar: «Rasul ya no es bienvenido aquí». En redes sociales lo acusó de incitar al racismo y mostrar odio hacia Estados Unidos.
No podemos olvidar que Trump ha criticado a Sudáfrica en varias ocasiones por lo que considera políticas discriminatorias, algo que siempre ha sido negado por el Gobierno sudafricano. Este cruce verbal ha escalado tanto que Rubio incluso decidió ausentarse de una reunión clave del G20 en Johannesburgo hace poco tiempo.
En definitiva, estamos ante un nuevo capítulo en una historia llena de desencuentros donde lo único seguro parece ser la incertidumbre sobre cómo se manejarán estas relaciones en el futuro.