En una tarde que prometía emociones fuertes, el Real Mallorca se llevó un triunfo inolvidable contra el Espanyol (2-1) en Son Moix. Este partido, digno de los mejores guiones de fútbol, dejó a todos al borde del infarto y con la adrenalina a mil por hora. Con esta victoria, el equipo bermellón alcanza los 40 puntos, asegurando casi su permanencia y abriendo la puerta a la lucha por Europa en las diez jornadas que quedan.
Una montaña rusa de emociones
La historia de hoy tuvo como protagonista a Muriqi, quien pasó de ser el villano tras marcar en propia puerta y fallar un penalti, a convertirse en héroe al anotar el gol decisivo ya en tiempo añadido. Pero no fue solo su jornada; Quintero González, el árbitro del encuentro, se convirtió también en un personaje clave al señalar tres penaltis para los locales. Curiosamente, los dos primeros fueron errados por Muriqi y Abdón, aunque este último tuvo la oportunidad de redimirse gracias a un segundo intento tras revisión del VAR.
A lo largo del partido, los nervios fueron constantes. El inicio fue complicado para los bermellones; apenas comenzada la segunda parte y tras un córner rival, Muriqi se metió el balón en propia puerta. Un mazazo que dejó helado a Son Moix. Sin embargo, ni siquiera eso logró frenar al Mallorca. Pronto llegó la respuesta con un cabezazo de Asano, quien igualó las cosas y devolvió la esperanza.
No obstante, el camino hacia la victoria no fue sencillo. La tensión aumentaba cuando Abdón erró otro penalti crucial justo antes del minuto 90. Pero en una secuencia digna de película, Quintero González volvió a revisar la jugada y decidió repetirlo debido a una infracción previa. En ese momento crítico, Muriqi tomó responsabilidad y anotó finalmente el 2-1.
Así concluyó este emocionante encuentro donde cada hincha salió con el corazón latiendo fuerte y con ganas de más aventuras futbolísticas. ¡Qué manera de vivir el fútbol!