Este viernes, en la Audiencia Provincial de Palma, se ha vivido un momento desgarrador. Un hombre, que debería haber sido el protector y guía de su hija, ha aceptado una condena de cinco años de cárcel por abusos sexuales continuados hacia ella. La pena, aunque dura, parece pequeña comparada con el daño irreversible que ha causado. Además, se le ha exigido una indemnización de 25.000 euros para reparar el daño moral infligido a su víctima.
Una historia de traición y dolor
Los hechos se remontan a entre agosto y septiembre de 2020, en un hogar donde lo que debería ser amor se tornó en horror. El acusado, mientras jugaba al ordenador, llamó a su hija de 20 años para que se sentara sobre sus rodillas. ¿Y qué le dijo? Que quería ayudarla con un trauma del pasado tras haber sufrido abusos por parte de la pareja de su madre cuando ella era solo una niña.
Aquel ‘masaje’ pronto reveló ser algo muy diferente. Encerrando la puerta detrás de ellos, comenzó a hacerle propuestas inaceptables bajo el pretexto de ayudarla a sentirse mujer. Ante cada intento suyo, la joven respondía tapándose como podía; sabía que esto no era lo correcto.
A pesar del rechazo inicial, los días siguientes fueron aún más oscuros. El hombre entraba en su habitación preguntándole si había intentado llevar a cabo las prácticas que él le había mencionado antes. En uno de esos momentos horripilantes llegó incluso a desnudarse delante de ella.
No contento con eso, intentó forzarla bajo la excusa vacía: “No te preocupes, no te voy a hacer nada”. Pero la realidad es que estaba rompiendo todos los límites posibles y poniendo en peligro la salud mental y emocional de su propia hija.
Después del largo sufrimiento y los constantes abusos silenciosos, la joven decidió abandonar ese infierno familiar en septiembre y buscar ayuda profesional meses después. Hoy enfrenta trastornos serios debido a esta experiencia traumática: ansiedad, depresión… Una carga demasiado pesada para alguien tan joven.
Aunque inicialmente la Fiscalía pedía una condena más larga –nueve años y medio– finalmente acordaron bajar la pena tras llegar a un pacto entre las partes implicadas. Esto refleja cómo muchas veces el sistema falla al proteger verdaderamente a las víctimas.