Este viernes, a primera hora de la mañana, Gerard Piqué, exjugador del FC Barcelona y actual empresario, llegó al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Majadahonda. Lo hizo como investigado por su implicación en las negociaciones que llevaron la Supercopa de España a Arabia Saudí, un movimiento que ha levantado ampollas y muchas preguntas. ¿Por qué trasladar un torneo tan emblemático a un país donde los derechos humanos son cuestionables? Y sobre todo, ¿qué papel jugó Piqué en este tinglado?
Las sombras de un acuerdo millonario
Piqué, vestido para la ocasión con un traje que no lograba ocultar la tensión del momento, evitó hacer declaraciones a su llegada. Sin embargo, su actitud no pasó desapercibida para los periodistas que le esperaban ansiosos. El exfutbolista no solo se enfrenta a cuestiones legales; también está bajo el escrutinio público por haber pactado una prima anual de 4 millones de euros para su empresa Kosmos en estos acuerdos polémicos.
Acompañado por Luis Rubiales, expresidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), Piqué formó parte activa en unas negociaciones que hoy son objeto de investigación por posibles ilegalidades. Es difícil no preguntarse cómo una figura tan prominente en el deporte español terminó envuelta en una trama donde las decisiones parecen más económicas que deportivas.
A medida que avanzan las investigaciones y surgen más detalles sobre este acuerdo entre la RFEF y Sela Sports –la entidad saudí implicada–, muchos nos sentimos decepcionados al ver cómo el fútbol se convierte en un mero negocio internacional. En lugar de ser una fiesta del deporte, parece que todo se reduce a cifras y contratos turbios. La pregunta es: ¿Hasta dónde llegarán estos escándalos antes de que decidamos tirar todo esto a la basura?