En el corazón del debate educativo, la STEI ha levantado la voz con contundencia. La propuesta que otorga a los funcionarios cuatro años adicionales para demostrar su nivel de catalán no solo ha despertado críticas, sino que también pone sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿realmente necesitamos tanto tiempo para acreditar un idioma tan vital en nuestra comunidad?
Aquí, en Mallorca, los ecos de esta controversia resuenan fuerte. Mientras algunos defienden esta medida como una oportunidad para mejorar las competencias lingüísticas, otros la ven como un obstáculo, una forma más de complicar el camino a quienes ya están comprometidos con su labor docente. Y no es solo un tema administrativo; se trata de nuestra identidad.
Un clamor por la educación y la lengua
A medida que avanza el debate, surgen historias conmovedoras. Desde maestros dedicados que han pasado años enseñando en catalán sin necesidad de una certificación formal hasta aquellos que sienten que se les está despojando de su capacidad para enseñar con libertad. “¿Por qué ahora?”, se preguntan muchos. En vez de facilitar las cosas, parece que estamos tirando a la basura todo el esfuerzo acumulado durante décadas.
No podemos olvidar tampoco las implicaciones económicas y sociales de esta decisión. Con tantas voces pidiendo cambios y mejorías en nuestro sistema educativo, este tipo de medidas parece ir en sentido contrario a lo que realmente necesita nuestra sociedad. No se trata solo del idioma; se trata del futuro educativo y cultural de todos nosotros.