Se acerca el Gran Premio de Argentina, un escenario cargado de recuerdos para Marc Márquez. En el Autódromo de Termas de Río Hondo, la tensión se respira en el aire. Como bien dice Álex Crivillé, «Bagnaia debe espabilar» si quiere hacer frente al 93. Este año, el piloto español ha comenzado con fuerza, dejando su huella en Burinam y soñando con ese noveno título mundial que tanto anhela.
Un pasado que pesa
Márquez llega a Argentina lleno de energía tras un fin de semana perfecto en Tailandia. «Me encanta correr aquí; siempre he sido rápido», comenta emocionado. Pero no es solo la velocidad lo que le espera en Termas; es también un retorno a los orígenes de su rivalidad con Valentino Rossi, una historia que muchos siguen recordando. Esa relación tensa empezó en 2015, cuando ambos pilotos protagonizaron un momento decisivo en la pista.
La famosa ‘guerra fría’ entre ellos sigue resonando, especialmente ahora que Bagnaia se sitúa como uno de sus principales competidores. Paolo Campinoti, del equipo Prima Pramac, lo dice claro: «La última persona que Valentino querría ver ganar es Marc Márquez». Sin duda, esa herida sigue abierta y añade una capa más al ambiente ya cargado del paddock.
Recuperar ese momento crucial del pasado evoca emociones intensas; la carrera en 2015 cambió sus vidas para siempre y desde entonces cada encuentro ha estado marcado por la tensión. En 2018 volvieron a verse las caras en Argentina y las chispas volaron nuevamente cuando Márquez provocó una caída de Rossi tras un adelantamiento polémico.
Siete años después, Márquez sigue siendo un titán sobre dos ruedas. Con su sueño intacto y su ambición disparada tras el éxito reciente con Ducati, todos los ojos estarán puestos en él durante este GP. La historia entre estos dos gigantes del motociclismo no está cerrada; más bien está lejos de concluir.