En un momento donde el agua se ha convertido en un bien tan escaso como esencial, las islas Baleares están dando un paso decisivo hacia la sostenibilidad. Se trata de la puesta en marcha de nuevas desalinizadoras en Mallorca, Menorca y Eivissa, una medida que muchos consideran necesaria ante la crisis hídrica que enfrentamos.
Un camino lleno de retos
A pesar de que el anuncio ha sido recibido con optimismo por algunos sectores, otros no pueden evitar sentir escepticismo. En un territorio donde el monocultivo turístico parece reinar, ¿realmente estas instalaciones serán la solución que todos esperamos? Hay voces críticas que advierten sobre los riesgos de depender demasiado de este tipo de tecnología. El agua no debería ser solo una mercancía; es un derecho fundamental.
No podemos olvidar que mientras se habla de desalinizadoras, hay problemas más urgentes que requieren atención inmediata. Por ejemplo, el aumento del 183% en los acompañamientos a mujeres mayores víctimas de violencia machista, un dato alarmante que debería movernos a la acción. La desigualdad y la violencia siguen siendo sombras persistentes en nuestra sociedad.
Mientras tanto, organizaciones sociales y partidos políticos continúan denunciando cómo algunas decisiones gubernamentales parecen estar desconectadas de la realidad diaria del ciudadano. Y así estamos: mirando al mar buscando soluciones cuando aquí mismo hay problemas apremiantes. En resumen, ¿serán las nuevas desalinizadoras el alivio que necesitamos o solo otra promesa más lanzada al aire? Solo el tiempo lo dirá.