La historia de la navegación en el Mediterráneo es rica y sorprendente, pero ahora, un nuevo libro de Jaume Amengual nos hace replantear todo lo que creíamos saber sobre uno de sus protagonistas más conocidos: Cristóbal Colom. Según Amengual, este famoso navegante no era quien pensábamos; en realidad, se llamaba Joan y nació en Felanitx, Mallorca. Todo esto viene a raíz de su investigación profunda sobre la tradición oral que ha circulado entre generaciones, donde se sostiene que su nombre fue cambiado para escapar de una condena a muerte tras participar en una revuelta fallida.
Un legado olvidado
No solo eso, sino que Amengual va más allá al afirmar que antes de Colom, otros mallorquines ya habían navegado hacia las Américas. Imagina por un momento a esos intrépidos marineros de Montuïri surcando los océanos mucho antes que el famoso genovés. Este profesor e historiador revela en su obra cómo la antigua escuela náutica de Montuïri fue fundamental para formar a estos hombres del mar. El autor utiliza hasta 41 evidencias para apoyar su teoría sobre el origen mallorquín del explorador y menciona documentos históricos donde aparece el nombre Joan Colom.
No es solo un juego de nombres; hay toda una vida detrás. Colom provenía de una familia judía dedicada al comercio marítimo y al estudio de mapas. Se detiene también en los errores lingüísticos presentes en los escritos del navegante que apuntan a un fondo cultural catalán-balear. Es como si cada palabra pronunciada fuera un eco resonando desde su isla natal.
Pese a sus logros, la figura de Joan siempre estuvo rodeada por sombras. La persecución durante la Inquisición y las maniobras políticas dejaron pocas huellas claras sobre su verdadera historia. A menudo se le tachó injustamente como un ladrón del oro conquistado.
Ciertamente, Amengual no busca solo reescribir el pasado; pretende dar voz a aquellos olvidados y recuperar una parte esencial de nuestra herencia cultural mediterránea. Así que cuando pensemos en Colom, recordemos también a Joan, el hombre detrás del mito.