El Gran Premio de Australia siempre ha sido un escenario especial para Fernando Alonso, pero también uno de los más complicados. En 2016, mientras comenzaba su segundo año con McLaren, el piloto asturiano vivió una experiencia que jamás olvidará. Aquella carrera no solo marcó su historia, sino que nos dejó a todos con la boca abierta.
Un choque inesperado
En las primeras vueltas del circuito de Albert Park, todo parecía ir normal hasta que Alonso se vio involucrado en un accidente con el Haas de Esteban Gutiérrez. A más de 300 km/h, la colisión fue brutal; la suspensión delantera derecha se rompió y el McLaren acabó estampándose contra el muro. Esa deceleración fue tan impactante que muchos pensaron lo peor.
Al salir del coche, Alonso estaba aturdido. “Solo quería que me llevasen al paddock y no al centro médico”, confesó en una entrevista años después. En ese instante crítico, su instinto competitivo tomó las riendas: “Quería ver si podía subirme al coche de reserva, que ya ni existía”, recordó entre risas amargas. Esos momentos reflejan su pasión por las carreras y su inquebrantable deseo de luchar.
A pesar del caos, Alonso nunca perdió la esperanza. “Si hay bandera roja, yo no pierdo posición”, pensaba convencido. Era evidente que aquel McLaren no era el mejor monoplaza del circuito; sin embargo, él seguía adelante con su espíritu indomable.
Hoy regresa a Melbourne con Aston Martin tras haber aprendido y crecido desde aquellos días difíciles. En cada carrera ha demostrado su valía y este 2025 promete ser diferente. Con nuevas oportunidades y quizás algo de lluvia para añadir emoción a la mezcla, ¿quién sabe qué nos traerá esta vez?