Madrid, 10 de marzo. En un giro inquietante de los acontecimientos, Estados Unidos ha expresado su enérgica condena a los recientes lanzamientos de misiles balísticos por parte del Ejército de Corea del Norte hacia el mar Amarillo. Este es el primer despliegue armamentístico desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, y las palabras no se han hecho esperar.
El Mando del Indo-Pacífico estadounidense no ha dudado en calificar estos actos como una provocación, dejando claro que están monitorizando de cerca la situación. “Estamos en contacto constante con nuestros aliados, Corea del Sur y Japón”, afirmaron en un comunicado. No se andan con rodeos: instan a Pyongyang a frenar cualquier acción que pueda aumentar la tensión en la región.
A pesar de todo, calma relativa para EE.UU.
Aunque el clima es tenso, desde el Gobierno estadounidense aseguran que estos lanzamientos no representan una amenaza directa para su población ni para sus aliados. La defensa de Japón y Corea del Sur sigue siendo una prioridad irrenunciable para Washington. Por otro lado, horas antes, Corea del Sur había alertado sobre el disparo de esos misiles, indicando que son probablemente de corto alcance y tienen un rango inferior a los 300 kilómetros.
En medio de esta tormenta política y militar, queda claro que la situación requiere atención pero también un enfoque diplomático. La comunidad internacional observa cómo se desarrollan los acontecimientos mientras esperan medidas concretas que eviten una escalada aún mayor.