La sonda Athena llegó a la Luna el 7 de marzo, aterrizando en la región Mons Mouton del Polo Sur. Sin embargo, el destino tenía otros planes. En vez de posar sus patas con gracia sobre el satélite, lo hizo de lado, repitiendo la historia del Odysseus, su predecesor. Tras este inesperado giro, surgieron dudas sobre el futuro de la misión. A las pocas horas del alunizaje, Intuitive Machines confirmó que la misión había llegado a su fin.
Un alunizaje complicado y muchas preguntas
A medida que las imágenes llegaban desde la superficie lunar, se hacía evidente que Athena estaba inclinada. La fotografía mostraba cómo dos patas estaban levantadas hacia el cielo mientras la sonda luchaba por estabilizarse en un entorno hostil. Las condiciones eran duras: temperaturas extremas y una posición poco favorable para los paneles solares hacían prever lo peor.
Pese al fracaso en cumplir con todos los objetivos establecidos por la NASA, no todo fue un desastre absoluto. Aunque Athena no logró sobrevivir como se esperaba, se recopilaron unos 250 megabytes de datos útiles. Clayton Turner, administrador asociado de tecnología espacial de la NASA, se mostró realista: «El trabajo realizado ha sentado bases para futuras iniciativas comerciales».
No obstante, Joel Kearnsn, administrador adjunto asociado de exploración en misiones científicas de la NASA, no ocultó su decepción: «Estamos comprometidos a apoyar a nuestros proveedores en esta difícil tarea». Y es que aunque Athena ya esté fuera de juego, queda claro que el viaje hacia la conquista lunar continúa y cada intento nos deja lecciones valiosas para seguir adelante.