¿Te has preguntado alguna vez dónde van a vivir los 230.000 nuevos vecinos que llegarán a las Islas? Este tema nos toca de cerca y no podemos ignorarlo. La realidad es que, mientras muchos miran hacia otro lado, el crecimiento desmedido está poniendo en jaque nuestra identidad. En un rincón del archipiélago, Julià Picornell, según cuenta su hermano Climent, solía alegrarse con un zapateado flamenco cuando era niño. Esos momentos son los que deberían hacernos reflexionar.
Un futuro incierto para nuestras islas
A la par, nos enfrentamos a cuestiones cruciales como ¿quiénes disfrutarán de la nieve cada día o cómo logramos hacerlo posible? Y no podemos dejar de lado el inquietante caso del exmonitor de Natzaret, al que se le ha archivado una denuncia por abusos sexuales. Este tipo de noticias nos retuercen el estómago y nos obligan a preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para proteger a nuestros niños?
No olvidemos el puerto de la Savina; un lugar donde pasado y presente se entrelazan en lo que algunos llaman el ‘saler del mundo’. Pero mientras tanto, las reservas de agua están tres puntos por debajo de lo registrado el año pasado. Algo huele mal en nuestra gestión.
Y es que no solo basta con preguntar sobre dietas antiinflamatorias o las decisiones políticas en Gaza. Debemos mirar más allá. Hay una creciente indignación entre los cuerpos policiales que señalan presuntas irregularidades judiciales en casos como Cursach. ¿Realmente estamos dispuestos a quedarnos callados ante estas injusticias?
En medio de este caos informativo, Fernando García López salta al escenario diciendo que Madrid ha manipulado datos sobre la COVID-19 como si fuera algo cotidiano. Sin embargo, nosotros debemos seguir levantando la voz y cuestionar todo lo que nos rodea.