La tarde en San Mamés empezó con esperanza para el RCD Mallorca, pero terminó dejando un regusto amargo, especialmente para Samu Costa. El centrocampista, que regresó como titular tras su lesión frente a Osasuna, se encontró en una situación que cualquier jugador soñaría: el balón llegaba limpio a sus pies dentro del área y la oportunidad era dorada. Pero, como dice el refrán, no siempre las cosas salen como uno espera. Y él lo sabe mejor que nadie.
Un fallo difícil de olvidar
Con el marcador empatado a uno y los ánimos alzados, Samu falló lo que parecía un gol cantado. La jugada comenzó con un gran esfuerzo de Mojica, quien dejó pasar el balón a Antonio Sánchez antes de llegar hasta Costa. Fue un momento crucial; ese gol habría desequilibrado la balanza en favor del Mallorca. Pero su remate se fue alto y la frustración se hizo palpable.
Aparte de este error garrafal, Samu también estuvo involucrado en varias pérdidas que pusieron a su defensa contra las cuerdas. Aunque su ímpetu es admirable —siempre corre y presiona—, parece que esa misma energía le hace apresurarse con el balón. En sus palabras después del partido: «Si yo fuera delantero, ganamos el partido». Esa sinceridad es algo que admiramos; reconoce la presión sobre sus hombros.
A pesar de conseguir un punto en San Mamés —un resultado que muchos considerarían positivo— Samu no puede evitar sentir que pudo hacer más. Sus estadísticas hablan por sí solas: 33 pases intentados y solo 24 completados. Comparando con otros compañeros como Omar Mascarell, quien tuvo un porcentaje de acierto del 95%, queda claro que hay trabajo por hacer.
No obstante, todavía está en camino hacia mejorar y aprender cada día. Con solo 24 años y ya enfrentándose a situaciones complicadas, estamos seguros de que estos errores le servirán para crecer y madurar como futbolista. Queda mucho por delante en esta temporada y nosotros seguiremos apoyándole desde las gradas o donde sea necesario.