La misteriosa nave de la Fuerza Espacial de Estados Unidos ha vuelto a casa. Después de un asombroso viaje de 434 días en órbita, el X-37B aterrizó el pasado viernes en la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California. Pero, ¿qué ha estado haciendo allí arriba? El Gobierno no nos lo dice y eso despierta aún más curiosidad.
Este avión espacial secreto, fabricado por Boeing y completamente no tripulado, fue lanzado desde el Centro Espacial Kennedy por un cohete Falcon Heavy de SpaceX. En su séptima misión, ha logrado realizar una serie de pruebas y experimentos que, aunque no se han revelado al público, prometen ser intrigantes. La Fuerza Espacial solo nos cuenta que han “abierto nuevos caminos” y que todo esto se hizo con energía solar, lo cual es bastante impresionante.
Un regreso lleno de misterios
A medida que el X-37B desciende con su ingeniosa maniobra de frenado aerodinámico hasta una órbita terrestre baja, también se reafirma su capacidad para adaptarse a diferentes entornos orbitales. Como bien dice el general Chance Saltzman, jefe de operaciones espaciales: “Esta misión abrió nuevos caminos al demostrar cómo podemos cumplir nuestros objetivos flexiblemente”. Pero claro, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué hay detrás de todo esto?
A pesar del secretismo, está claro que este tipo de avances son cruciales para entender mejor nuestro espacio. Aunque nos cueste saber qué experimentos concretos se llevaron a cabo, cada paso dado por esta nave marca una nueva etapa en las operaciones espaciales. Y así es como seguimos mirando al cielo, llenos de preguntas y ansias por descubrir qué más puede ocultar nuestro vasto universo.