En un giro de acontecimientos digno de película, Liz Wright, una neozelandesa de 64 años, se ha convertido en la primera persona real clonada con inteligencia artificial para fines publicitarios. Su historia no solo es fascinante, sino que también nos invita a reflexionar sobre el futuro que nos espera con esta tecnología avasalladora.
Imagínate esto: cientos de personas compitiendo por ser la imagen de Skinny, una empresa de telecomunicaciones en Nueva Zelanda. Después de un casting intenso, Liz fue seleccionada y decidió ceder sus derechos de imagen para dar vida a un clon digital que promocionará los servicios de la compañía durante dos años. En esta era donde lo virtual empieza a superar lo real, ¿qué significa eso realmente?
Un viaje hacia lo desconocido
A través de técnicas avanzadas, el equipo técnico de Skinny capturó no solo la voz y las expresiones faciales de Liz, sino también su personalidad. En un video promocional sorprendente, podemos verla contando mensajes publicitarios mientras realiza acrobacias impresionantes. ¡Es como si estuviera volando!
Pese a todo el asombro que genera este avance tecnológico, también hay preocupaciones latentes sobre la ética detrás del uso de IA. ¿Estamos listos para aceptar un futuro donde nuestros rostros puedan ser clonados y utilizados sin nuestra presencia física? Y más importante aún: ¿qué pasará con aquellos trabajos que hoy consideramos irremplazables?
Skinny no escatima en destacar que esta campaña marca una primicia mundial. Liz ha sido clienta fiel durante 12 años y ahora tendrá el honor (y desafío) de ser embajadora digital de su propia imagen. Además del reconocimiento, le ofrecerán un crédito ilimitado móvil durante toda su vida y emprenderá una gira nacional para compartir su experiencia única.
A medida que avanzamos hacia esta nueva era tecnológica llena de posibilidades sorprendentes (y aterradoras), es esencial mantenernos informados y cuestionar hasta dónde estamos dispuestos a llegar.