En la mañana del 5 de marzo, la calma en Krivói Rog, un rincón del centro de Ucrania, se transformó en horror tras un ataque aéreo ruso que ha dejado a su paso al menos dos muertos y siete heridos. Las imágenes que llegan son desgarradoras; un edificio de varios pisos convertido en escombros. El servicio estatal de emergencias no ha tardado en informar sobre la devastación y el rescate de las víctimas.
Sergii Lisak, el jefe de la administración militar regional de Dnipropetrovsk, compartió con nosotros la cruda realidad: “Puede haber personas bajo los escombros”, escribió angustiado en su cuenta de Telegram. Entre los fallecidos, destaca un hombre de 53 años cuya vida fue truncada por la barbarie del conflicto.
Rescate y esperanza entre las ruinas
A pesar del caos, los servicios de emergencia han trabajado incansablemente y ya han logrado rescatar a al menos 14 personas. Sin embargo, la preocupación sigue presente porque las labores no han terminado; cada minuto cuenta cuando hay vidas que salvar entre los restos humeantes.
Este ataque se produce apenas un día después de que Odesa sufriera bombardeos con drones por parte de las fuerzas rusas. La situación es crítica y nos recuerda lo frágil que es la paz en esta región donde cada noticia parece peor que la anterior.