Cádiz. El Cádiz de Garitano ha estado en racha, y qué racha. Con diez partidos sin conocer la derrota, el equipo amarillo parecía estar al borde de igualar un récord que hacía tiempo estaba en la mente de todos: los 11 partidos invictos de Álvaro Cervera. Sin embargo, la suerte les dio la espalda en Albacete, donde un contundente 3-0 truncó sus esperanzas y dejó a más de uno con el corazón encogido.
Un partido para olvidar
No se puede negar que el último encuentro fue una dura prueba para el equipo. Los aficionados esperaban ver la magia que había caracterizado su juego hasta entonces, pero lo cierto es que este Cádiz no se parecía en nada al que había maravillado durante esas semanas previas. La fluidez del juego desapareció, y las ocasiones de gol brillaron por su ausencia. Los rivales supieron aprovechar cada error y dejaron claro que el fútbol a veces es cruel.
Aunque esta derrota pueda parecer un golpe duro, no podemos olvidar lo logrado hasta ahora. La racha invicta de Garitano es un reflejo del esfuerzo colectivo, del sudor y la dedicación tanto del cuerpo técnico como de los jugadores. Desde su llegada, el equipo ha dado un giro radical no solo a nivel deportivo —con una defensa sólida y una competitividad admirable— sino también socialmente; los seguidores vuelven a ilusionarse con cada partido.
A pesar del tropiezo en Albacete, hay que mirar hacia adelante. Este Cádiz tiene potencial y está demostrando ser un rival temible. Así que dejemos atrás esta caída y centrémonos en lo que está por venir porque seguro habrá más alegrías esperando a ser celebradas.